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En deuda con la Educación Rural en Nicaragua

Fuente: El Nuevo Diario.com 14/11/2014

Nicaragua en su geografía es el reflejo de grandes bellezas naturales, pero también de grandes contrastes. El sector rural es, en este sentido, poseedor de ambientes naturales hermosos, espacios productivos de gran importancia para el desarrollo del país, pero presenta, a la vez, fuertes contrastes entre esta exuberancia y las muestras más profundas de rezago y pobreza.

Su historia ha acumulado grandes deudas en su desarrollo productivo y humano. Las brechas acumuladas, aún con los esfuerzos realizados por gobiernos e instituciones, no han logrado ser acortadas.

Las políticas de desarrollo del país no parecen haber tomado en cuenta que este atraso del área rural merece apoyos concretos muy específicos e intensivos, capaces de apostar a un modelo de desarrollo rural que sea priorizado por las administraciones políticas del país. Tal situación paradójica, si nos refiriéramos a la Costa Caribe, presenta aún mayor crudeza. Mientras sus riquezas continúan siendo expoliadas, su ruralidad pareciera postrada en el tiempo, con índices de pobreza y abandono inimaginables. Frente a esta realidad de profundos contrastes y desigualdades, a la que el país pareciera ya estar acostumbrado, la educación rural continúa bregando sin encontrar en las políticas de desarrollo rural un pie de amigo en que sostener su identidad y construir su plataforma de lanzamiento hacia la calidad.

Sus bajos índices educativos compiten con la grave situación de salud, manteniéndose claras desventajas con respecto al ámbito urbano. Las características que posee y que merecen una atención más detenida y sostenida de parte de los gobiernos de turno, demandan políticas específicas situadas en esos contextos tan descuidados pero tan potencialmente prometedores. En la calidad que tenga esta educación, fuertemente ligada a las políticas de desarrollo, posibilitará que el país logre surgir con estos indicadores productivos y humanos superados.

Mientras las políticas para el sector continúen siendo planteadas por quienes desde la realidad urbana no logran comprender la ruralidad, será muy difícil que estas lógicas contrapuestas faciliten su desarrollo. Es menester que las políticas públicas logren atender con prioridad el desarrollo rural, y en profunda conexión con esta lógica, plantear una propuesta educativa situada, capaz de convertirse en el motor atinado de este desarrollo, dejando de ser parte del problema para ser parte de la solución del país. Ello demanda que los organismos que cooperan con este desarrollo, aprendan a articular tantos vigores dispersos, respetar y no imponer patrones, desarrollar capacidades propias de las comunidades, desplegar su vocación ética en defensa de sus derechos sin sustituir sus protagonismos y sus propios valores, sabiendo leer mucho mejor su nicho ecológico y sociocultural, para que sean las propias comunidades rurales quienes se empoderen y tracen sus estrategias de desarrollo con el apoyo y solidaridad requeridos.

Pagar estas dudas a la educación rural implica, también, repensar la organización y calendario educativo, en función de sus características y etapas productivas. Miles de niños y niñas continúan abandonando la escuela en temporadas productivas, sin que la administración educativa se cuestione y aporte soluciones a este escenario descorazonador, en que niños y niñas continúan siendo explotados y envenenados poco a poco al ser utilizados para llevar a cabo las labores culturales del café. Aún la mayoría de empresarios cafetaleros necesitan ampliar sus miradas, apostando a una educación de calidad para niños, niñas y adolescentes rurales, rescatando y no violentando sus derechos.

Este abandono frecuente o definitivo de estos escolares, representa el mejor caldo de cultivo para reforzar los focos de analfabetismo y el ciclo pernicioso de la pobreza. Tales índices preocupantes en todo el país y principalmente en las zonas rurales, debieran conmover a la clase política y a quienes deben y pueden tomar decisiones. No es posible que tal realidad deplorable e histórica, continúe impertérrita.

Son loables los esfuerzos recientes del Mined por abrir un espacio educativo rural con el Programa de Secundaria para Jóvenes y Adultos. No obstante, una decisión tan esperada, pudiera fracasar mientras su desarrollo no cuente con el mimo y atención prioritaria de la Administración, proporcionándole los apoyos y recursos que necesita para alcanzar índices básicos de calidad.

El Currículum Básico Nacional le queda muy corto a las demandas y requerimientos de la educación rural. Su grado de generalidad y falta de contextualización, con visión eminentemente urbana, no enlaza de forma coherente con políticas de desarrollo rural auténtico. Es urgente transformar este currículum en consonancia con las demandas de una educación humanística, consistente con el contexto rural, y orientación técnica funcional con los requerimientos que presentan padres y madres de familia, quienes continúan percibiendo la educación que reciben sus hijos e hijas, como poco relevante y pertinente para sus vidas.

Finalmente, la equidad requerida para este sector exige procesos de discriminación positiva, proporcionándole los recursos presupuestarios y técnicos que compensen tanto atraso. Priorizar la profesión docente, su salario y estímulos necesarios, su preparación y actualización; apoyándoles con prioridad desde las delegaciones departamentales, con los insumos didácticos y bibliográficos, apoyos y oportunidades que necesitan para superar el índice creciente de desigualdad con respecto al sector urbano. Finalmente, una ojeada al multigrado, plantea un clamor a las conciencias, en tanto, siendo la labor educativa de mayor complejidad, sus docentes asumen esta modalidad, aún necesaria, sin contar con las bases indispensables de formación en las Escuelas Normales, que les capacite para saber aplicar estrategias efectivas para atender la diversidad.

Ojalá que el país entero y sus instituciones y organizaciones dejen de acostumbrarse a estos niveles de exclusión y pobreza, despertando y urgiendo amplia participación que dé salida a la educación, desarrollo humano y productivo de nuestro mundo rural.

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